
Renault 25 V6 Turbo Baccara: un R-25 para gobernarlos a todos
Hoy probamos el modelo cumbre del Renault 25, un coche con el que la marca francesa creó una berlina de lujo capaz de rivalizar con los mejores coches alemanes. Dotado de una estética discreta pero elegante, un potente V6 Turbo de 205 CV y un interior de superlujo, este R-25 V6 Turbo Baccara demostró hasta donde podía llegar la visión de lujo francesa.
| Marca y modelo | Renault 25 V6 Turbo Baccara |
|---|---|
| Valoración Actual | 15.000 € aprox. (Enero 2026) |
| Fecha comercialización | de 1990 a 1992 |
| Precio nuevo en España | 6.500.000 pts (año 1990) |
| Unidades Fabricadas | 2.700 unid. (estimadas) |
| Motor | V6 Turbo de 2.498 c.c. |
| Potencia | 205 CV a 5.500 rpm |
| Par máximo | 290 Nm a 3,500 rpm |
| Aceleración 0/100 | 7.4 s |
| Velocidad máxima | 233 Km/h |
| Longitud exterior | 4.71 m |
| Anchura exterior | 1.80 m |
| Altura exterior | 1.41 m |
Cuando ser bueno no es suficiente
El Renault 25 era la gran berlina de Renault de mediados de los 80. Diseñado por Gaston Juchet y Robert Opron, disponía de una original carrocería de dos volúmenes, un interior amplio y bien terminado (diseñado por Marcelo Gandini) y una completa gama de motorizaciones. Y tuvo un notable éxito, ya que desde 1983 hasta 1992 se vendieron más de 780.000 unidades del modelo cumbre de la marca francesa.
Sin embargo, Renault quiso desbancar a Mercedes y BMW del trono de las berlinas de lujo. El R-25 “normal” se quedaba muy lejos de los Clase E y Serie 5 por imagen, materiales y equipamiento. Así que “Rinol” se puso las pilas y desarrolló una versión muy especial del 25, que pretendía ser la máxima expresión del lujo francés y con la que los de la Reggie querían dar tobas en las orejas a los alemanes. Nacía el Renault 25 Baccara.
Presentada en 1988, rápidamente cautivó por un espectacular interior acabado en los mejores materiales y un altísimo nivel de equipamiento. Pero quedó patente que se quedaba escasa a nivel de potencia, pues su V6 atmosférico entregaba unos justos 160 CV. Así que Renault, dos años más tarde (en 1990) decidió juntar a su versión más exclusiva con el motor con el que debió nacer, el refinado y potente V6 Turbo de 205 CV. Y así nació el mejor R-25 de la historia y protagonista de la prueba de hoy: el Renault 25 V6 Turbo Baccara.
Diseño muy francés pero excesivamente discreto
Rodeo la carrocería de nuestro protagonista franchute y me deja tan frío como tu mujer: el R-25 es bastante bonito, tiene personalidad y es original, pero ni impresiona ni enamora. Y eso que esta unidad de 1991 ya es hija del restyling dado al modelo en 1990, que lo actualizó bastante (paragolpes, faros delanteros, pilotos traseros, molduras, etc) a costa de perder algo de personalidad.
El R-25 es un coche grande (longitud de 4,71 m) y se percibe como tal. El frontal tiene un largo y voluminoso capot, que “muerde” unos grandes faros trapezoidales y acaba en una discreta doble entrada de aire frontal. Todo bien hasta aquí. Donde está para mí el problema es más abajo (no pienses mal).
El paragolpes está integrado en la carrocería e incorpora las entradas de aire inferiores, los antiniebla e incluso un pequeño spoiler. Pero todo con un diseño aburrido y discreto a más no poder. Aquí faltó sin duda algo de agresividad y prestancia, queridos amigos de “Rinol”. Estamos ante un R-25 muy especial y no te enteras.
En el lateral destacan el alerón trasero algo más prominente y las preciosas llantas BBS RM de 16 pulgadas y 2 piezas montadas en neumáticos 205/55/R16, que mejoran claramente el diseño de las de tipo turbina del 25 Turbo y dan más “clase” al conjunto.
Sin duda, mi parte favorita del coche es la trasera, con ese culito dotado de unos pilotos traseros rotundos y elegantes, el portón con la semicúpula de cristal y el paragolpes pintado en el color de la carrocería. Aquí un doble escape cromado habría quedado de cine, al dar un toque elegante y poderoso al diseño. Resumiendo, casi nula diferenciación frente al resto de mundanos R-25.
Interior sencillamente espectacular
Y si nos quejamos de la excesiva discreción del exterior, del habitáculo solo podemos decir cosas buenas: por diseño, calidad de materiales empleados y espacio, el Renault 25 V6 Turbo Baccara está a un nivel altísimo, por encima de casi cualquier coche del momento.
Abro la puerta del conductor y flipo con los asientos delanteros. ¡Qué espectáculo! Tapizados en un suave (y delicado) cuero denominado Plena Flor, son un diez por diseño, comodidad y prestancia. Pero es que además vienen dotados de todo tipo de regulaciones eléctricas y disponen de cojines hinchables en distintas zonas, tanto en la banqueta como en el respaldo. Hasta podemos regular la dureza de los lomos de los mismos, para quedar más o menos sujetos en las curvas.
La calidad de ejecución del interior es brutal. El techo y los montantes que sujetan el mismo están forrados en Alcantara, los paneles de las puertas están casi completamente tapizados en cuero y Alcantara e incorporan listones de madera de verdad (de olmo según decían, cualquiera sabe pero dan el pego).
Me siento en el orgásmico sofá del conductor y ahora alucino con el puesto de conducción. El volante de tres radios es brutal, destilando deportividad y elegancia con maestría. Es un volante de coche pepino. Si se hubieran esmerado con el diseño del paragolpes delantero como con el del volante, otro gallo hubiera cantado para el 25 V6 Turbo Baccara.
El salpicadero también convence tanto por formas como por ergonomía. La parte superior del mismo también va forrada en cuero y cuenta con una capilla superior que cubre una completa instrumentación, los mandos del climatizador y las pantallas multifunción.
Y los pasajeros de las plazas traseras tienen a su disposición la misma calidad de materiales que los pasajeros delanteros, de una amplitud fantástica en todas las direcciones y de una comodidad incluso superior. Disponen de cojines auxiliares en los reposacabezas, grandes salidas de aireación, ceniceros, encendedor, elevalunas eléctricos, persiana trasera, etc. Aquí uno se siente importante, te entran ganas de recalificar terrenos, cobrar comisiones… perdón, que me pierdo.
El maletero tiene dos detalles sumamente curiosos: cierre motorizado del portón (para evitar que se cierre de golpe y así molestar a los pasajeros traseros) y un portatrajes de cuero integrado en la bandeja del maletero. Está preparado para llevar un peso de hasta 6 kg y es una maravilla por aspecto y acabado. La capacidad del maletero desciende por este motivo y baja de los 442 litros homologados en el resto de los R-25. Muy justito. Aquí como coche de delincuente, falla.
El listado de equipamiento de serie disponible para conductor y pasajeros es casi inacabable, pero ahí va un intento: el mencionado tapizado de cuero Plena Flor para asientos, parte superior de salpicadero, paneles de puerta y portatrajes, presencia de Alcantara en techo, montantes y puertas, aire acondicionado automático, dirección asistida de dureza variable, equipo de sonido Phillips con ecualizador, Dolby y cinta, asientos eléctricos con cojines hinchables delante y memorias en el conductor, luces de lectura delanteras y traseras, 4 elevalunas eléctricos, pomo de palanca de madera y fuelle de cuero, freno de mano en cuero, teléfono, sintetizador de voz, ordenador de a bordo, espejos eléctricos, llantas BBS de 16 pulgadas, faros antiniebla, mando satélite para la radio, espejos de cortesía iluminados, cierre motorizado del portón trasero, ABS, alarma, etc.
¿Todo es idílico? No, pero casi. La parte negativa la ponen algunos mandos provenientes de modelos mucho más modestos. Parece mentira que Renault le pusiera a este interior algunos botones y palancas compartidos con R-5 o un R-11, por poner unos ejemplos. Estos ridículos ahorros molestan, y mucho, a los clientes de los coches de lujo. Hoy en día, los fabricantes generalistas siguen metiendo la pata con estas cosas.
Un motor casi perfecto
Toca hablar ahora del motor. Se trata de un bloque de 6 cilindros en V de 2.468 c.c. y 12 válvulas, que está “dopado” con un Turbo Garret T3, capaz de entregar 205 CV y un par motor de 290 Nm a 2.500 rpm. Las prestaciones eran fantásticas para la época, con una velocidad máxima que alcanzaba los 233 Km/h y una aceleración 0/100 en tan solo 7.4 segundos.
Los fríos números a veces no expresan de forma precisa lo que un coche transmite. Y éste es el caso. El Renault 25 V6 Turbo Baccara corre mucho y lo hace como los mejores coches, con una tranquilidad absoluta. Tiene tal poder de aceleración que te pega al asiento, empujando con mucha fuerza a partir de 3.500 rpm. Y recupera y alcanza velocidades prohibidas por “nuestra amiga” la DGT con una suficiencia desconcertante. La suavidad del motor es máxima y su sonido francamente bonito, siempre presente pero de fondo, sin molestar.
El punto negativo viene del consumo. Es difícil que baje de los 11 litros en uso mixto, pudiendo alcanzar cifras solo aptas para saudíes si nos empeñamos en explorar los 205 CV disponibles. En ciudad y atascos…mejor evitarlos: ruina total.
El V6 Turbo viene acompañado de una caja de cambios de cinco velocidades, cuyo accionamiento es suave y preciso y que permite un control absoluto sobre la caballería disponible.
El comportamiento en carreteras amplias es muy bueno. El Renault 25 va por su sitio en todo momento y no se perciben pérdidas de tracción. La carrocería no se inclina en exceso y se siente como una roca ante baches y rotos del asfalto. Lo mejor de todo es que lo hace con una suavidad, comodidad y silencio de marcha interior espectaculares. Por otro lado, la dirección de asistencia variable proporciona una dureza adecuada en todo momento. Viajar en este coche apetece, sin duda.
En carreteras de montaña el panorama no debería ser tan maravilloso (tracción delantera, motor colgado por delante del eje delantero, ausencia de control de tracción), pero nosotros no lo pudimos comprobar. El piso estaba mojado y no era cuestión de estampar el coche contra algún guardarraíl.
¿Por qué no triunfó?
He leído que del Renault 25 V6 Turbo Baccara sólo se fabricaron unas 2.700 unidades. Desconozco si es cierto o no, pero es un hecho que se vendieron muy pocas unidades de esta especialísima versión. Son cifras muy bajas, y no tienen nada que ver con la calidad o las prestaciones del coche. Ten claro que se hubieran vendido muchas más si, en vez del logo de Renault, hubiera llevado el de BMW. También hay que tener en cuenta que en aquellos años, para casi todo el mundo (los franceses iban a su rollo, como siempre), los coches de tres volúmenes se percibían como “más coche” que los de dos.
El coche es una verdadera maravilla, pero exteriormente es demasiado parecido a un R-25 TS de 100 CV. En todos los demás apartados, brilla: motoraco de los buenos, buen comportamiento, interior maravilloso, etc. Y un último apunte: tiene un sintetizador de voz que nos avisa de alertas como puertas mal cerradas, freno de mano puesto, nivel de carburante, etc., que funciona bien y que pretendía recordar al mítico KITT. ¿Qué más se puede pedir?
